
La espera por la Navidad se siente en las calles, los mercados y los hogares de México, donde cada año surge la misma pregunta: ¿cuándo es el momento correcto para poner el árbol de Navidad? Aunque muchos aprovechan los descuentos de noviembre o el inicio de diciembre, existen fechas tradicionales reconocidas por la Iglesia y por costumbres populares que marcan cuándo debe iniciar formalmente la decoración.
Con la llegada de diciembre, millones de familias mexicanas convierten este ritual en una tradición llena de nostalgia: abrir cajas guardadas durante meses, colgar luces que iluminan las noches frías y colocar adornos que pasan de generación en generación. El árbol no es solo un adorno; representa unión, memoria y esperanza.
La tradición cristiana señala que el día perfecto para instalarlo es el primer domingo de Adviento, una celebración que marca el inicio del tiempo litúrgico previo a la Navidad. Esta fecha cambia cada año, pero siempre se ubica entre finales de noviembre y los primeros días de diciembre, para 2025, corresponde al 30 de noviembre, ideal para comenzar con espíritu renovado.
Otra fecha profundamente respetada y muy mexicana es el 8 de diciembre, Día de la Inmaculada Concepción. En muchos hogares del país, especialmente en comunidades del sur y sureste, este día marca oficialmente el inicio de la decoración navideña por su sentido espiritual de pureza y renovación.
Sin embargo, colocar el árbol antes del 12 de diciembre se ha vuelto común, ya que muchas personas buscan recibir el Día de la Virgen de Guadalupe con sus hogares armonizados para un mes que mezcla lo religioso, lo cultural y lo familiar.
Decorar con anticipación trae ventajas prácticas: más tiempo para disfrutar la temporada, evitar compras de último momento y elegir colores y estilos con calma. Las tendencias de 2025 apuntan a árboles en tonos tierra, dorados, plateados y detalles artesanales que rinden homenaje a culturas locales de México.
La historia del árbol navideño se remonta a antiguas civilizaciones que celebraban el solsticio de invierno decorando plantas eternas como símbolo de vida. Babilonios, egipcios, romanos y pueblos celtas utilizaban ramas verdes para invocar protección y buenos augurios en los días más fríos del año.
Con la expansión del cristianismo en Europa, estas prácticas se resignificaron, una leyenda atribuye a San Bonifacio, en el siglo VIII, el uso del abeto como símbolo cristiano al sustituir rituales paganos por un mensaje de esperanza y fe. Más tarde, en Alemania del siglo XVI, surgió la tradición moderna de colocar árboles decorados con manzanas, velas y figuras alegóricas.
Desde Europa, la costumbre viajó a América y se adaptó a cada región en México se mezcló con tradiciones locales como las posadas, los nacimientos artesanales y las luminarias, hasta convertirse en un elemento imprescindible en cualquier hogar durante diciembre.
El acto de decorar es un ejercicio de creatividad: luces cálidas, esferas artesanales, listones, piñas, moños, cintas y la estrella que simboliza el camino hacia el pesebre. Cada familia elige un estilo que habla de su identidad, sus gustos y su historia.
Así como existe una fecha ideal para colocarlo, hay una tradición para retirarlo. La mayoría de las familias lo desmontan el 6 o 7 de enero, tras la llegada de los Reyes Magos, aunque algunas lo conservan hasta el 2 de febrero, Día de la Candelaria, para cerrar el ciclo navideño.
Independientemente de la fecha que elijas, continúa siendo un símbolo universal de luz, unión y esperanza, capaz de transformar cualquier espacio y recordarnos que, año con año, siempre existe un motivo para celebrar.