
La Organización Meteorológica Mundial, organismo especializado de las Naciones Unidas, emitió una alerta climática estacional sobre la evolución del fenómeno meteorológico. De acuerdo con las proyecciones técnicas, el evento actual está superando los parámetros habituales de monitoreo, con un punto de máxima intensidad previsto hacia finales de este año.

Las evaluaciones de la OMM señalan que el comportamiento de El Niño está registrando valores que superan los gráficos de seguimiento utilizados en las últimas cuatro décadas. Ante este escenario, la organización instó a los gobiernos e instituciones de protección civil a implementar medidas de preparación frente a potenciales eventos climáticos extremos.
El Niño es un fenómeno climático de origen natural caracterizado por el calentamiento inusual de las aguas superficiales del Océano Pacífico central y oriental, principalmente frente a las costas de Sudamérica. Como parte de la fase cálida del ciclo conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), este evento altera la atmósfera y transforma los patrones meteorológicos globales, su origen se produce cuando los vientos alisios se debilitan o cambian de sentido, permitiendo que la masa de agua cálida se desplace hacia las costas americanas e impidiendo el afloramiento de aguas frías y ricas en nutrientes.
Frente a este escenario de alta intensidad climática, diversos sectores estratégicos deberán implementar medidas de adaptación con carácter prioritario. La agricultura, la gestión de recursos hídricos y la infraestructura urbana requieren una planificación ajustada a eventos térmicos y pluviométricos de gran escala, con el objetivo de resguardar la seguridad alimentaria y la estabilidad de los servicios básicos en las zonas con mayor nivel de exposición.

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que el actual episodio de El Niño podría registrar una anomalía térmica en la superficie del Pacífico tropical de hasta 3.8 °C por encima de la media entre noviembre de 2026 y enero de 2027. Esta cifra rebasa las referencias históricas disponibles, superando los registros cercanos a 3 °C observados en los eventos más severos del pasado ante la posibilidad de que los eventos meteorológicos extremos como sequías, inundaciones y ciclones se multipliquen de manera prolongada, el organismo de la ONU insta a los gobiernos a coordinar respuestas inmediatas y actualizar sus planes de contingencia para proteger a las poblaciones de mayor vulnerabilidad.
Por su parte, los organismos de protección civil y gestión de riesgos destacan la urgencia de fortalecer los protocolos de prevención comunitaria. Mantener canales de información oportunos, actualizar los mapas de riesgo locales y coordinar acciones entre las autoridades regionales permitirá reducir la vulnerabilidad de las poblaciones asentadas en áreas históricamente propensas a sequías prolongadas o inundaciones severas.
Ante este panorama, la representación de la Organización Meteorológica Mundial y el área de asuntos humanitarios de la ONU enfatizan la urgencia de articular esfuerzos financieros y logísticos a escala global. La secretaria general del organismo recordó que los efectos catastróficos ya se están manifestando y que la prevención resulta sustancialmente menos costosa que la atención a desastres por ello, instan a las naciones a fortalecer sus fondos de emergencia y consolidar esquemas de cooperación internacional que permitan mitigar las consecuencias sociales y económicas en las regiones con mayor vulnerabilidad climática.
Aunque se prevé que el pico de intensidad ocurra a finales de 2026, los especialistas advierten que los impactos sobre las temperaturas globales, los patrones de precipitación y las actividades socioeconómicas se extenderán de manera prolongada.






