
Mientras millones de aficionados en todo el planeta ahorran durante años, solicitan créditos o sacrifican sus vacaciones para asistir a una sola Copa del Mundo, María del Jesús Pinargote ha descifrado el verdadero “sueño mundialista”. Esta mujer ecuatoriana de 65 años posee el que probablemente sea el premio más codiciado de la historia de los sorteos: un pase vitalicio con todos los gastos pagados para asistir a cada Mundial de la FIFA.

Lo que comenzó en 1998 como una simple dinámica publicitaria en su natal Ecuador se transformó en un viaje sin retorno por los estadios más emblemáticos del planeta, sumando ya ocho ediciones mundialistas consecutivas en su bitácora personal.
La historia se remonta a las semanas previas al arranque del Mundial de Francia 1998, en aquel entonces, la compañía refresquera más grande del mundo lanzó una ambiciosa promoción en territorio ecuatoriano. La mecánica pertenecía a una era nostálgica del marketing: consumir refrescos en envase de vidrio, coleccionar las tapitas y canjearlas por artículos exclusivos.
“Se compraba la gaseosa de vidrio, la tapita venía y nos daban un vaso. Uno canjeaba el vaso y ahí daban un cupón. Yo llené seis cupones porque coleccioné los seis vasos con diferentes diseños y los deposité en el ánfora”, recordó María del Jesús en una entrevista para la cadena CNN.
El destino tocó a su puerta el 14 de junio de 1998, en pleno fervor por la inauguración de la justa francesa. Al contestar el teléfono, le informaron que su nombre había sido el seleccionado entre miles de participantes para recibir el premio mayor: viajes de por vida a los Mundiales.

La magnitud del anuncio fue tal que la incredulidad se apoderó de ella de inmediato. Convencida de que se trataba de una broma de mal gusto, envió a su esposo directamente a las oficinas de la empresa para verificar la autenticidad de la notificación, al regresar, la confirmación desató la locura en su hogar: el premio era 100% real.
Desde aquella mítica final donde Zinédine Zidane coronó a Francia en Saint-Denis, la vida de María del Jesús cambió para siempre. Su pasaporte se ha llenado de sellos de todas las latitudes, siendo testigo presencial de la evolución del futbol moderno a lo largo de 28 años.
A lo largo de casi tres décadas, su ruta mundialista ha contemplado paradas históricas:
El paquete de por vida de la refresquera no solo cubría vuelos, hospedaje de primer nivel y entradas a los partidos en zonas exclusivas, incluía un asiento para un acompañante. Durante las primeras ediciones, María del Jesús compartió esta increíble travesía junto a su esposo, disfrutando codo a codo de la máxima fiesta del balompié.
Tras el sensible fallecimiento de su compañero de vida, la tradición no se detuvo; la fortuna fue compartida primero con una prima y, posteriormente, con su cuñada, con quien viajó a los exigentes destinos de Asia y Medio Oriente.
A pesar de haber conocido estadios ultramodernos y culturas fascinantes en lugares como Yokohama o Doha, María del Jesús asegura que la verdadera magia del viaje ocurre cuando su propio país entra en la ecuación.
“Hay más emoción cuando clasifica la Selección de uno. Es lindo estar en un estadio y ver la bandera en otro país, nuestra bandera ecuatoriana”, expresó. Para su fortuna, en este Mundial 2026, ha tenido nuevamente la oportunidad de portar los colores de la “Tri” en territorio norteamericano.
Hasta el día de hoy, el caso de Pinargote se mantiene como un fenómeno aislado e insólito en la historia de la mercadotecnia. La multinacional refresquera jamás reveló si replicó esta costosa promoción de carácter vitalicio en otros países, lo que convierte a la ecuatoriana en una de las aficionadas más exclusivas, envidiadas y queridas del planeta.
Mientras el formato de las Copas del Mundo evoluciona y se expande a 48 selecciones, ella sigue demostrando que, a veces, la constancia de llenar una cartilla de cupones puede regalarte el boleto para ser testigo de la historia eterna del deporte rey.
Foto de portada Calfredo Cortes






