
La Fiesta de los Parachicos o Fiesta Grande de Chiapa de Corzo es de las celebraciones más importantes de Chiapas.

Se lleva a cabo cada año del 4 al 23 de enero, donde la música, danza, artesanía, gastronomía, no hacen falta.
Sin embargo, debido a la pandemia actual y surgimiento de nuevas variantes, por segundo año consecutivo fue suspendida.
Además de las ceremonias religiosas y las diversiones que forman parte de esta festividad en honor de Nuestro Señor de Esquipulas y de dos santos del catolicismo, San Antonio Abad y San Sebastián, siendo especialmente honrado este último.
Se ven las casas y calles decoradas de decenas de colores, el desfile de comida típica como el tasajo y el cochito se degusta más en estas fechas.

Los parachicos son danzantes que bailan para agradecer por los favores que sus santos les concedieron durante el año, esto con una vestimenta muy especial: zarapes multicolor, chales bordados, cintas multicolor, en la cabeza llevan un tocado de montera, cubren su rostro con una máscara tallada en madera y, en una de sus manos, llevan una sonaja de hojalata llamada chinchín.
Su danza se considera una ofrenda colectiva a los santos venerados. Los bailarines recorren toda la localidad llevando las imágenes santas y visitando diversos lugares de culto, y sus danzas comienzan por la mañana y finalizan de noche.

Los dirige un patrón portador de una máscara de expresión severa, una guitarra y un látigo, que toca la flauta acompañado por uno o dos tamborileros. Durante la danza, el patrón entona loas a las que los parachicos responden con aclamaciones.
Cabe destacar que debido a la tradición y arte de esta fiesta en 2010, la Unesco la reconoció como parte del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Es el resultado de una fusión de celebraciones, se sabe que los pueblos nativos de Chiapas tenían una fiesta religiosa en estas fechas, la cual fue aprovechada por los españoles quienes la convirtieron en un festejo católico en el siglo XVI.
De igual forma se cuenta que, muchos años después, una señora conocida como Doña María de Angulo llegó desde Guatemala a Chiapa de Corzo con un hijo enfermo; un hierbero le indicó que bañara a su hijo en el Cumbujuyu, un ojo de agua muy pequeño en donde brotan aguas termales, y después de hacerlo se curó.

Fue en 1767 que debido a la hambruna y enfermedad que azotaron al pueblo, Doña María se enteró, en agradecimiento regresó para distribuir alimentos gratuitos y víveres entre la comunidad.
Los indígenas bailaban alrededor, usando máscaras para parecer blancos como ella y su hijo, estas danzas eran “para el chico”, con el dialecto indígena se resumieron a “Parachico”.






