
Lo que parecía ser una elaborada puesta en escena para el Halftime Show de la Super Bowl LX, resultó ser un evento legal y romántico sin precedentes. Bad Bunny no solo ofreció 14 minutos de orgullo latino en el Levi’s Stadium, convirtió el escenario más visto del planeta en un altar real donde Elly y Tommy, una pareja con una historia de fe en el “Conejo Malo”, sellaron su matrimonio de forma legal ante millones de espectadores.

Cuando Bad Bunny entonó los acordes finales de “Mónaco”, la narrativa del show dio un giro inesperado, en medio de una escenografía que evocaba una plaza caribeña, la cámara reveló a una pareja frente a un juez auténtico. Lejos de ser una simulación, la ceremonia contó con todos los requisitos de ley, culminando con un beso que redefinió el concepto de “espectáculo en vivo”.
Tras horas de misterio se ha revelado la identidad de los afortunados, Elly, estadounidense de raíces latinas, y Tommy mantienen una relación desde 2023. Su camino al Super Bowl comenzó el 20 de octubre de 2024, cuando se comprometieron en las playas de Cannon Beach, Oregón.
El destino cambió para ellos cuando decidieron enviar una invitación de boda a Bad Bunny, el equipo del artista, buscando elevar la apuesta de autenticidad para el show de 2026, aceptó el desafío y los invitó a casarse frente al mundo entero.
La participación de Benito Antonio Martínez Ocasio fue más allá del canto, representantes del artista confirmaron que el cantante fungió como testigo oficial, firmando los documentos legales de la unión. Elly compartió en sus redes sociales el emotivo proceso de preparación, mientras que Tommy describió el momento como “un baile inolvidable con el amor de mi vida”, agradeciendo al “padrino” más famoso de la historia.
La boda no fue un evento aislado, el corazón de una atmósfera cargada de simbolismo latino:
Los críticos han calificado esta intervención como “revolucionaria”, por primera vez en 60 años de Super Bowls, un artista rompió la cuarta pared para integrar la vida real de sus fans en el espectáculo. No solo presentó música; presentó una experiencia cultural y humana, demostrando que el poder de la identidad latina y el amor pueden trascender cualquier guion preestablecido.