
Más allá de emprender en las regiones rurales de México no es únicamente una cuestión de números, planes de negocio o estrategias de mercado; es, en esencia, un acto de valentía frente al reto diario. Para Neroy Cruz Rivera, joven indígena tepehua originario de la comunidad El Coyol, en el municipio de Tlachichilco, Veracruz, el camino del emprendimiento ha significado aprender a vencer la pena, salir a tocar puertas desconocidas y sostener el ímpetu de seguir intentándolo a pesar de los rechazos constantes, salir a ofrecer productos cara a cara en territorio veracruzano implica enfrentarse al miedo de llegar a lugares donde nadie te conoce y pronunciar una frase que resume toda una lucha comunitaria: “Hola, vengo a ofrecerte un producto que hacemos en nuestra comunidad”.

Sin embargo el obstáculo más grande al que se enfrentan los pequeños productores locales no es el acto físico de la venta, la compleja tarea de lograr que el consumidor final comprenda y valore el trabajo invisible que hay detrás de cada artículo. En el mercado cotidiano de Veracruz y otros puntos es común escuchar frases como “es canela, en la tienda está más barata” o expresiones de regateo que buscan demeritar el costo real de la mercancía.
No obstante detrás de cada vara de canela comercializada existe una cadena humana de esfuerzo: familias enteras que prepararon la tierra, sembraron con paciencia, limpiaron las parcelas, cuidaron el crecimiento de la planta, cosecharon de forma artesanal y transformaron el fruto en el estado para llevarlo hasta los centros de consumo. Comprar directamente a estos proyectos locales no representa una simple transacción comercial, un acto de justicia económica para revalorizar el trabajo del campo veracruzano.
¿Existe una oportunidad real para las y los jóvenes en el campo de Veracruz? La respuesta suele ser desalentadora cuando se observa que las labores agrícolas tradicionales han sido históricamente duras, mal pagadas y relegadas principalmente al esfuerzo de los abuelos y padres. No obstante iniciativas como la encabezada por Neroy demuestran que es posible replantear el futuro agropecuario mediante la innovación con identidad dentro del estado para este joven veracruzano, el secreto radica en no quedarse únicamente en la etapa primaria de sembrar y cosechar, en aprender a transformar, comercializar y construir una marca sólida alrededor de la cosecha propia.



Así nace S’ejen (“perfumando sabores”), un proyecto comunitario en tierras veracruzanas que poco a poco, cosecha tras cosecha, busca que el esfuerzo de su gente llegue cada vez más lejos. Este esfuerzo ya ha comenzado a dar frutos institucionales al integrarse formalmente en el Catálogo de productos artesanales del Estado de Veracruz bajo el sello Manos Indígenas del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), el proyecto demuestra que se pueden construir oportunidades de desarrollo endógeno, trabajando de la mano con los productores locales para llevar mercancías orgánicas y naturales directamente del surco al mercado, generando empleo regional, impulsando la economía circular y fomentando la reforestación de las parcelas.
El compromiso de Neroy Cruz Rivera con su tierra trasciende la comercialización agrícola, el joven tepehua es un destacado activista ambiental y comunitario, lo que lo hizo merecedor del Premio Estatal de la Juventud 2024 en el estado de Veracruz, dentro de la categoría de Fortalecimiento a la Cultura Indígena y Afrodescendiente. Su liderazgo quedó de manifiesto a través del proyecto “Más Pulmones para la Huasteca”, una ambiciosa iniciativa de restauración ambiental y creación de bosques comestibles que logró la reforestación de aproximadamente 107 hectáreas distribuidas entre los municipios de Tlachichilco e Ixhuatlán de Madero.
Esta visión integral une la producción sustentable con la memoria histórica de los pueblos originarios de la región, así como en el procesamiento tradicional del café —donde herramientas ancestrales como las famosas cánovas manuales se combinan hoy con maquinaria moderna para optimizar tiempos y reducir costos sin perder la esencia, el sabor y la tradición familiar—, S’ejen busca preservar la herencia cultural. Al final, los proyectos comunitarios consolidan un mensaje claro para las nuevas generaciones: confiar en las raíces, trabajar en equipo bajo esquemas de cooperativa y apostar por lo natural y lo orgánico es el camino para demostrar que desde las comunidades se puede salir adelante con dignidad y prosperidad compartida.






