
Durante seis días, el espacio más emblemático de la Ciudad de México cambió de rostro.
El Zócalo capitalino se convirtió en un gigantesco parque público dedicado a la infancia. La magnitud del cambio fue tal, que las autoridades estimaron una asistencia de un millón de personas entre el 25 y el 30 de abril, en lo que fue bautizado como el Zocalito de las Infancias.
El evento, impulsado por el gobierno de la ciudad en el marco del Día del Niño y la Niña, fue mucho más que una celebración simbólica. Representó una intervención urbana sin precedentes, que integró a 22 dependencias públicas en un despliegue logístico y creativo con fuerte enfoque en derechos infantiles, cultura y participación ciudadana.
Durante más de 70 horas de actividades ininterrumpidas —desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la noche— niñas, niños, adolescentes y sus acompañantes disfrutaron de talleres, espectáculos circenses, actividades deportivas, y experiencias interactivas de ciencia, prevención y seguridad.
La oferta fue contundente: 227 talleres, 42 eventos escénicos, 30 actividades deportivas, tirolesas, golfito, lucha libre, un vagón de ciencia móvil, simuladores de sismos, camiones de bomberos, patrullas, y más. Todo gratuito. Todo en el corazón político del país.
El cierre estuvo a la altura: una función pública de Flow, la película animada ganadora del Óscar, proyectada en pantalla gigante. La velada contó con la presencia de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, y del director del filme, Gints Zilbalodis. La proyección congregó a unas 15 mil personas, entre familias, jóvenes y comunidad cultural.
Además del impacto social, el evento dejó una huella económica significativa: la Secretaría de Desarrollo Económico (SEDECO) reportó una derrama de 100 millones de pesos generada por la afluencia de visitantes y el consumo en la zona centro.
Más allá de las cifras, el Zocalito de las Infancias dejó una postal inédita: un Zócalo lleno de juegos, risas y convivencia familiar. Un espacio históricamente destinado a la protesta, convertido —por unos días— en el símbolo de una ciudad que pone a la niñez en el centro.






