
Alberto López Gómez es oriundo de Magdalena Aldama, en Chiapas, y se ha convertido en el diseñador tzotzil que triunfa en EU.
Este ‘tejedor de ilusiones y sueños’ llegó a las pasarelas de Nueva York para participar en el American Indian Fashion Through the Feathers.
Ofreció una plática en la Universidad de Harvard, fue reconocido en la Cámara de Diputados y su imagen aparece en el libro de texto de tercer grado de los estudiantes en su estado natal.

Como vocero de las comunidades indígenas de Chiapas y México, su éxito le ha servido para que sus creaciones sean reconocidas y respetadas, en medio de los plagios que hacen algunas de las grandes compañías y diseñadores internacionales.
Dando pie para que de una vez por todas puedan patentar sus creaciones, sus prendas, huipiles, rebozos, tejidos, brocados y demás.
López Gómez, quien abandonó la calidez de su comunidad, partió para mostrar su trabajo en San Cristóbal de las Casas, donde pasó malos momentos para cristalizar ese sueño.
“Hasta lloré porque me quedé en la calle varios días, no tenía amigos; es triste porque al final nadie me apoyó, toqué puertas y algunas no me las abrieron, más bien me las cerraron. Ahora puedo decir que estoy aquí, que vale la pena nuestro proyecto, la línea de atuendos tradicionales de la región K’uxul Pok (que significa prenda viva), y que fundé en 2009. Para mí es un honor representar a mi municipio y a Chiapas y, por supuesto, México”.

Con más de 30 años, tiene la intención de conocer más lugares para difundir sus creaciones, buscar el apoyo a su trabajo y que paguen el precio justo por lo que hacen, porque al final lo que dejan plasmado en ellas son su historia y el legado de sus antepasados.
Se encuentra interesado en animar a los emprendedores jóvenes, pues asegura que todos pueden salir adelante y aunque es complicado, vale la pena empezar, romper con el machismo y la discriminación.

“Ahora estoy muy feliz, gracias a Dios, a nuestra lucha y gran esfuerzo como artesanos independientes, lo que hicimos con las compañeras fue complicado, pero logramos ir a exponer nuestros trabajo hasta Nueva York y, también en la Universidad de Harvard. Al ver que nuestros diseños estaban hechos en telar de cintura y que todos los bordados tienen significados, se quedaron sin palabras, se dieron cuenta de que son prendas que preservan un gran legado”.

Este diseñador cuenta que su mejor maestra fue su mamá, Margarita, quien le enseñó a tejer en hilar de cintura, aunque le advirtió de todos los prejuicios a los que se enfrentaría porque ese era un trabajo tradicionalmente para las mujeres.
“Desafortunadamente el machismo nos ha ganado y no conocemos nuestros derechos. En las comunidades estamos encerrados, nos da miedo salir, pero estamos tratando de cambiarlo. Con mi ejemplo quiero que vean que los hombres también podemos atrevernos a hacer esto, no solo las mujeres”






