
Tras años de intensa investigación y búsqueda, el artesano, ceramista y escultor yucateco Luis May Ku logró desarrollar un pigmento similar al milenario azul maya.

Este color ha sido motivo de investigación desde hace décadas despertando el interés de expertos en diversas áreas, quienes han intentado replicar la técnica para su elaboración con el objetivo de devolver a las nuevas generaciones las riquezas de sus antepasados.

Dicho pigmento destaca porque ser muy duradero, resistente a la intemperie, los rayos UV, la humedad y las inclemencias del tiempo; se ha mantenido en casi perfecto estado durante más de mil años en murales de sitios como Chichén Itzá, Bonampak y otras zonas de la cultura maya.
De acuerdo al ceramista el color, que está presente en códices, piezas de cerámica y esculturas antiguas, había permanecido como un misterio indescifrable tanto para investigadores, como para los propios artesanos mayas contemporáneos.
“Yo había sido escultor de tallado en madera por más de 20 años; sin embargo, cuando cambié a la técnica de cerámica, comencé a estudiar con alfareros de Ticul, Chichén Itzá y Cobá, con los quienes elaboré mi colección de retratos de personas mayas actuales. De ahí nació la inquietud de pintarlos con los mismos colores que habían utilizado mis antepasados”

Fue durante su estudio, que May Ku se dio cuenta de que el famoso azul maya no se podía hallar en ningún lado y tras una intensa investigación, se percató de que científicos, arqueólogos, antropólogos y químicos habían intentado dar con la fórmula para crear dicho pigmento, pero no habían tenido éxito.
“Esto ocurrió en 2016 aproximadamente, cuando comencé a hacer mi propia investigación, leí los trabajos de estos especialistas, que han aportado conocimiento con respecto a este pigmento y me fui a hacer entrevistas de pueblo en pueblo, con los abuelos mayas de la región, para hablarles de la planta que en maya tiene el nombre de ch’oj, que por mis lecturas sabía que era uno de los elementos para crear este color”

La búsqueda de la planta, cuyo nombre científico es Indigofera suffruticosa y que también es conocida con el nombre de añil, fue lo que le llevó más tiempo al escultor.
“Tarde tres años de investigación para dar con esta planta, preguntando si la habían visto, caminando por las carreteras de muchas regiones de Yucatán, di con ella”

Tras su hallazgo, y con ayuda de los habitantes de la aldea maya Xunáan Kab, así como con el apoyo de colaboradores y otros artesanos locales, May Ku pasó meses cosechando la planta, al mismo tiempo que comenzaba con la búsqueda del segundo elemento esencial para crear el pigmento: la paligorskita, un tipo de arcilla proveniente de minas situadas en el norte de la península de Yucatán, en la región de Ticul.
“Los maestros alfareros me habían hablado de este mineral que utilizaban para realizar procesos complejos de pigmentación. Lo que hace esta arcilla es que atrapa la tinta del ch’oj, todo esto con un proceso que hay que hacer de una forma muy lenta y complicada, hasta lograr hacer una reacción que tiene como resultado el color tan hermoso del azul maya”.

Para finales del 2019, May Ku logró dar con la fórmula exacta para crear un pigmento tan similar en el color y consistencia como el azul maya original.
“Publiqué mi hallazgo en Facebook y se volvió viral; rápidamente comencé a recibir mensajes de especialistas, investigadores y demás que solicitaron la tinta para hacer pruebas comparativas con las de los ancestros”.
Decidió patentar su fórmula ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) para poder compartir y comercializar el pigmento, el cual nombró Azul Maya Ch’oj.






