El cine mexicano estremece a Cannes: “Seis meses en el edificio rosa con azul” se perfila como favorita en la Semana de la Crítica

Liz MoralesEspectáculosHace 1 horas45 Vistas

CANNES, FRANCIA. Tuvieron que pasar casi dos décadas para que el cine mexicano volviera a reclamar un lugar competitivo dentro de la prestigiosa Semana de la Crítica del Festival de Cannes. Sin embargo, el retorno a la Costa Azul no pudo ser más idóneo, con una propuesta cinematográfica que entrelaza la nostalgia, la sensibilidad y la memoria, la cinta Seis meses en el edificio rosa con azul, ópera prima del realizador Bruno Santamaría Razo, conmovió profundamente a la audiencia internacional tras su proyección oficial en el Espacio Miramar, posicionándose de inmediato como una de las fuertes candidatas para figurar en el palmarés de la sección.

Imagen Dividida En Dos Secciones Que Promociona El Filme Mexicano &Amp;Quot;Seis Meses En El Edificio Rosa Con Azul&Amp;Quot;. La Mitad Izquierda Muestra El Póster Oficial Estilo Collage Con Un Fondo Rosa Pálido; Al Centro Destaca El Rostro Recortado De Un Preadolescente Con Estrellas Doradas Adheridas A Su Mejilla Y Cabello.

La producción una ambiciosa y lograda alianza internacional entre México, Brasil y Dinamarca, se midió hombro con hombro frente a propuestas de naciones como Yemen, Kosovo, Francia, China, Irlanda y España en la 65.ª edición de este certamen paralelo, el cual está estrictamente reservado a descubrir nuevas e innovadoras voces a través de primeros o segundos largometrajes.

Una ovación de pie y el valor de la libertad

El estreno mundial estuvo cobijado por una atmósfera de alta emotividad, tras concluir la exhibición, que provocó desde silencios de absoluta atención hasta risas compartidas y lágrimas francas, el auditorio estalló en un aplauso prolongado. Bruno Santamaría Razo, cineasta egresado del prestigioso Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), subió al estrado acompañado por una nutrida delegación de casi 30 colaboradores, consolidando lo que los productores denominaron con orgullo “la porra más grande del mundo” en esta edición de Cannes.

“Tengo la certeza de que la película se termina en este momento, cuando la proyectamos con ustedes. Muchas gracias por ser parte de este proceso intenso, sensible y bellísimo de seis años, que ha estado impregnado de mucho corazón y mucha inteligencia”, expresó un conmovido Santamaría, quien aprovechó el reflector para dedicar la obra a las maestras que guiaron su camino, citando explícitamente a su madre, a la mentora de cine Mercedes Porter y a su profesora de primaria, la maestra Yolanda.

El clímax de la noche llegó cuando el joven protagonista de la cinta, Jade Reyes, tomó la palabra frente a la sala repleta: “Jamás pensé que podría llegar aquí, y lo único que quiero es poderles dar y regalar la libertad de ser como quieran ser; eso es lo más precioso que puedo compartir”, una declaración que desató un abrazo espontáneo del equipo y una nueva oleada de ovaciones por parte de la crítica y los asistentes.

Estética de celuloide y narrativa de sanación

Seis meses en el edificio rosa con azul se sumerge en la década de los 90 para presentar un relato de maduración personal profundamente conmovedor. La trama sigue a Bruno, un adulto joven que, a las puertas de cumplir los 30 años, reconstruye y repasa los eventos de cuando tenía 11 años, aquella infancia feliz y aparentemente despreocupada comenzó a fracturarse debido a dos logros simultáneos: el despertar de sus primeros sentimientos afectivos hacia su mejor amigo y el impacto familiar tras enterarse de la seropositividad (VIH) de su padre, interpretado magistralmente por Lázaro Gabino Rodríguez.

Fotografía Grupal En Plano Medio Que Muestra A Cuatro Integrantes Del Equipo Del Filme &Quot;Seis Meses En El Edificio Rosa Con Azul&Quot; Posando Juntos En El Interior De Una Sala De Cine En Cannes. De Izquierda A Derecha: Un Hombre Con Camisa De Rayas Claras Y Pantalón Verde Oliva; El Director Bruno Santamaría Razo Vistiendo Una Camisa Azul Abierta Sobre Una Playera Negra De Cuello Alto; El Joven Protagonista Jade Reyes Con Un Conjunto Azul Marino De Cuello En V; Y Una Mujer Sonriente Con Una Blusa Brillante De Lentejuelas Doradas Y Falda Blanca. El Grupo Posa Abrazado Y Sonriendo De Manera Cálida Hacia La Cámara, Con La Pantalla De Proyección Y Las Butacas Del Teatro Oscurecidas Al Fondo.
El director Bruno Santamaría Razo y el joven protagonista Jade Reyes posan junto a parte del equipo e invitados durante el emotivo estreno mundial de “Seis meses en el edificio rosa con azul” en el Festival de Cannes 2026. La ópera prima mexicana, que compite firmemente en la Semana de la Crítica, conmovió profundamente a la audiencia internacional, marcando un regreso triunfal y lleno de aplausos para el cine nacional en uno de los escenarios más exigentes del séptimo arte.

Para lograr esta inmersión íntima, Santamaría Razo apostó por una inteligente hibridación de géneros que transita entre el formato documental, la ficción pura y la calidez de la estética del cine casero. Un pilar fundamental para lograr esta atmósfera fue la decisión de filmar íntegramente en celuloide (formato de 16mm), un trabajo técnico comandado por el cinefotógrafo Fernando Hernández García, respaldado por el diseño de producción de Ivonne Fuentes y la gestión ejecutiva de los productores Bruna Haddad y Carlos Hernández Quiñones.

El idilio de la crítica internacional

El impacto de la película mexicana quedó refrendado por las declaraciones de Ava Cahen, directora artística de la Semana de la Crítica, quien no escatimó en elogios para calificar la manufactura del filme antes y durante el festival:

Por su parte, el productor Carlos Hernández Quiñones externó su inmensa satisfacción ante el cobijo del público en la Costa Azul: “Habían pasado muchos años sin que hubiera una película mexicana en esta sección y nos hace sentir súper orgullosos y felices por la entrega de este equipo. Esa entrega se percibe plenamente en la pantalla”. Con este contundente debut, el cine nacional reafirma su relevancia en los festivales de primera categoría, demostrando que las historias que rascan en la memoria familiar e identitaria poseen un lenguaje de empatía universal.

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