La Noche de Rábanos: 128 años de tradición, identidad y creatividad que iluminan la Navidad en Oaxaca

Redacción FACultura3 semanas atrás282 Vistas

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La Noche de Rábanos es una de las celebraciones decembrinas más singulares y representativas de México, una tradición profundamente arraigada en la identidad de Oaxaca. En este 2025, esta fiesta netamente oaxaqueña cumple 128 años de historia, consolidándose como una experiencia cultural que reúne a familias, artesanos y visitantes en torno al ingenio popular, la creatividad y el espíritu navideño.

Esta festividad se vive cada 23 de diciembre en el corazón de la ciudad de Oaxaca, donde el Zócalo se transforma en una gran galería al aire libre. Ahí, los participantes exhiben escenas talladas en rábanos que representan pasajes de la vida cotidiana, tradiciones, costumbres, leyendas e imágenes religiosas, creando un ambiente festivo que atrae tanto a locales como a turistas nacionales e internacionales.

El origen de la Noche de Rábanos se remonta al antiguo mercado de vigilia de la Navidad, un espacio donde se comercializaban hortalizas, hierbas de olor, flores, frutas y pescado seco para las cenas decembrinas. Con el tiempo, los vendedores comenzaron a adornar los rábanos para llamar la atención de los compradores, sin imaginar que esta práctica daría origen a una de las tradiciones más emblemáticas del estado.

De acuerdo con la investigación Noche de Rábanos de Alejandro Méndez Aquino, fue en 1897 cuando esta costumbre popular se institucionalizó. Durante la administración del presidente municipal Francisco Vasconcelos, se convocó al primer certamen oficial con el objetivo de impulsar la floricultura y la horticultura local, utilizando como base los puestos del mercado de vigilia navideña.

El rotundo éxito de aquel primer concurso aseguró su continuidad y crecimiento. A partir de entonces se determinó que el Zócalo de Oaxaca fuera la sede permanente del evento, convirtiéndose en el escenario principal donde año con año se concentra la expectativa del público y se reconoce el talento de los participantes.

Aunque no existe un registro exacto de todas las especies de rábanos empleadas, los horticultores identifican al menos cuatro variedades principales: el cambray, el criollo —blanco y de gran tamaño—, el chihuahueño y el extranjero, más largo y grueso. Cada uno ofrece distintas posibilidades para la creación de figuras y composiciones artísticas.

Con el paso del tiempo la tradición ha sabido renovarse, la incorporación de nuevas técnicas, temáticas actuales y artistas contemporáneos llevó a la creación de la llamada “categoría libre”, la cual convive con la tradicional y permite que la creatividad se expanda sin perder el respeto por las raíces culturales.

La celebración incluye una segunda parte dedicada a esculturas e imágenes religiosas elaboradas sobre estructuras de carrizo y hoja de plátano, cubiertas con aserrín y flor inmortal. Estas piezas originarias de San Antonino Castillo Velasco, destacan por su colorido, detalle y simbolismo, siendo un claro ejemplo de la riqueza de la imaginería popular.

Otra sección relevante es la de las piezas confeccionadas con totomoxtle, la hoja de maíz. En esta categoría no se permite el uso de colores ajenos al material, por lo que el ingenio y la habilidad del artesano son fundamentales para dar forma a obras cada vez más complejas y admiradas por el público.

El ambiente que se vive la noche del 23 de diciembre fusiona la exposición popular con el espíritu de la Navidad. Luces, música, aromas y sonrisas crean una experiencia sensorial que despierta emociones y refuerza el sentido de comunidad y quienes visitan la ciudad en estas fechas.

A 128 años de su nacimiento, no solo preserva una tradición centenaria, impulsa el turismo cultural, fortalece la economía local y reafirma al estado como uno de los destinos más vibrantes y auténticos de México durante la temporada decembrina.

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