
En una sesión solemne, el Senado mexicano distinguió la trayectoria de más de 30 años de Cecilia López Pérez, activista indígena de los Altos de Chiapas, por su labor incansable en la justicia intercultural y la defensa de los derechos de las mujeres.
La entrega del galardón se llevó a cabo en la Ciudad de México, donde se reconoció que la labor de Cecilia López Pérez es fundamental para entender la realidad social de Chiapas. Originaria de San Andrés Larráinzar, ha sido una pieza clave en la construcción de la paz en la región de los Altos, transformando el activismo comunitario en una plataforma de incidencia nacional que dialoga directamente con la historia y las necesidades de los pueblos originarios del sureste mexicano.

El impacto de su trabajo radica en la eliminación de las barreras lingüísticas que impiden el acceso a la justicia, al utilizar su lengua materna, el tsotsil, ha logrado que cientos de mujeres en Chiapas encuentren una “traducción justa” para sus denuncias. Su intervención ha sido vital en casos de violencia familiar, sexual y estructural, permitiendo que la dignidad de las mujeres indígenas sea reconocida en un sistema legal que suele ser ajeno a sus contextos culturales.
Desde el año 2011, la galardonada ha documentado y acompañado:
La senadora Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta de la Mesa Directiva, enfatizó que este premio honra la voz de las mujeres de los Altos de Chiapas que han transformado el miedo en dignidad. Por su parte, la senadora Martha Lucía Micher Camarena señaló que este acto reafirma que “la justicia debe hablar todas las lenguas de este país”, posicionando a la mujer indígena como una prioridad en la agenda de la Cuarta Transformación y la democracia mexicana.
Para las comunidades que integran la región de los Altos de Chiapas, figuras como Cecilia López Pérez representan la vanguardia del rostro político y humano en municipios como San Cristóbal de las Casas y San Andrés Larráinzar. Su lucha histórica por la producción colectiva y la defensa del territorio ha sido fundamental para garantizar que el patrimonio cultural —desde los textiles hasta el café— se desarrolle bajo esquemas de mayor autonomía y equidad, reconocer esta trayectoria aporta una capa de respeto institucional a la resistencia social en el sureste mexicano, validando sistemas de organización que priorizan la dignidad humana sobre la explotación.
Hacia el futuro, proyecta un México donde las niñas de Chiapas puedan estudiar y participar en la vida pública sin ser discriminadas por su vestimenta o idioma original. El reconocimiento funciona como un compromiso para fortalecer las políticas públicas interculturales. Cecilia aseguró que seguirá alzando la voz por “las que ya no están y las que siguen resistiendo en silencio”, buscando que la democracia sea verdaderamente incluyente para todas las etnias del país.






